Metafísica del amor, Metafísica de la muerte (Reseña) Arthur Schopenhauer

Metafísica del amor, metafísica de la muerte (Portada) Metafísica del amor, metafísica de la muerte (Portada)

En su obra el autor expresa que generalmente los poetas se ocupan en pintar el amor. Por ello, señala que el amor es el principal asunto de todas las obras dramáticas, trágicas o cómicas, románticas o clásicas. Se pueden señalar algunos ejemplos, tales como: las pinturas más perfectas Romeo y Julieta, La Nueva Eloísa, Werther, que han adquirido una gloria inmortal. Con esto, comprueba que no es lícito dudar de la realidad del amor ni de su importancia, ya que los principales exponentes sobre el tema son los poetas. Sin embargo, de lo que él duda y como tal lo expresa, es que los filósofos son los que han abandonado el tema del amor “debería sorprender que un asunto que representa en la vida humana un papel tan importante haya sido hasta ahora abandonado por los filósofos y se nos presente como una materia nueva”. Por esto, ante tal situación que hay sobre el tema del amor en la vida de los filósofos, se da a la tarea de expresar su punto de vista “no por los libros, sino por la observación de la vida exterior, es como este asunto se me ha impuesto y ha ocupado un lugar en mis consideraciones del mundo”. Ante tal tema, no espera aprobación ni elogio por parte de los enamorados, ya que su punto de vista parecerá demasiado físico, material, metafísico y trascendente en el fondo.

El autor expresa que todo enamoramiento sumerge en realidad todas sus raíces en el instinto sexual. Pero, el tema del amor no sólo se da en las comedias y novelas sino que es parte del mundo real, donde junto con el amor a la vida, es el más poderoso y el más activo. Sin embargo, no es algo determinado, ya que depende en absoluto de la elección individual de los sexos “el instinto de los sexos se manifiesta en la conciencia individual de una manera vaga y genérica”. Este instinto de elección por el otro sexo, es voluntad que aspira a vivir en un ser nuevo y distinto, y por desinteresada que pueda parecer la admiración por una persona amada, el objetivo final es, la creación de un ser nuevo. Esto prueba que el amor no se contenta con el sentimiento recíproco sino que exige la posesión misma, lo esencial, es decir, el goce físico, ya que la sola presencia de quien se ama no podría consolar el goce físico. Es por eso, que la atracción del otro es el dar existencia “esta soberana fuerza, que atrae uno hacia otro a dos individuos de distinto sexo, es la voluntad de vivir”. Sin embargo, no hay amor patente sino en la conformidad perfecta de dos seres “y como no hay dos seres semejantes en absoluto, cada hombre debe buscar en cierta mujer las cualidades que mejor corresponde a sus cualidades propias”.

En el hombre hay un instinto muy manifiesto que lo lleva a la elección de amar a una persona y a poseerla. Pero, no por ello se fija en cualquier persona, ya que, siempre los sexos van en búsqueda de la belleza del otro “no hay hombre que en primer término no desee con ardor y no prefiera a las más hermosas criaturas.”. Estas consideraciones arrojan a la luz, la naturaleza íntima de todo instinto. Este instinto casi siempre se presenta en el individuo, el cual, se inclina por una intención individual. Así, este instinto como en todos los demás, la verdad se disfraza de ilusión para influir en la voluntad, ya que el carácter del instinto es el de obrar en vista de una finalidad de la que no se tiene idea, por ello, el hombre por la ilusión que posee, tiene a veces horror al objetivo de procrear seres y hasta quiere oponerse a él, ya que una vez satisfecha su pasión, todo amante experimenta un especial desengaño: “sólo la especie se aprovecha de la satisfacción de ese deseo”] o como señala Platón: “el placer es lo más charlatán de todo”.

Continúa diciendo que el instinto en el hombre es el apetito caprichoso por las mujeres encinta. El amor tiene, por fundamento un instinto dirigido a la reproducción de la especie. Por ejemplo, el hombre con facilidad puede engendrar más de cien hijos en un año, si tiene otras tantas mujeres a su disposición; la mujer en cambio, aunque tuviese otros tantos varones a su disposición, no podría dar a luz más que un hijo al año, salvo los gemelos. Por ello, Schopenhauer dice, que es preciso considerar que el hombre por naturaleza es inconstante en el amor: “de aquí resulta que la fidelidad en el matrimonio es artificial para el hombre y natural para la mujer...por consiguiente, el adulterio de la mujer es mucho menos perdonable que la del hombre”[9]. Con esto, pretende llegar al fondo de las cosas y acabar de convencer, que por objetivo que pueda parecer el gusto por las mujeres, no es, más que un instinto disfrazado.