Delirio (Reseña) - Laura Restrepo

Como muchos escritores provenientes de América Latina, que abordan la violencia política y la corrupción, la novelista colombiana Laura Restrepo,  tiene una gran deuda con el género de la ficción detectivesca. El desarrollo de “Delirio” viene directamente de las páginas de un thriller; Aguilar regresa a casa después de un viaje de negocios para descubrir que su bella y joven esposa, Agustina, ha desaparecido. Una serie de mensajes misteriosos en la contestadora del teléfono le darán información de su paradero, pero cuando la encuentra en un lujoso hotel de Bogotá se da cuenta de que su querida Agustina se ha vuelto completamente loca.

El giro que Laura Restrepo le da a la narración de la novela, emplea una serie de voces que se entrelazan y superponen mientras Aguilar se profundiza en los misterios domésticos y políticos que se encuentran en la raíz del colapso de Agustina.

Aguilar, un canoso ex académico convertido en vendedor de comida para mascotas, asume el papel clave, buscando pistas en la ciudad maltratada. Escuchamos las voces de Agustina, una heredera frágil con historial psicológico, cuyos recuerdos perturbadores de la infancia ofrecen una idea de la violencia y la falsedad de sus primeros años de vida; de su tía Sofi, la antigua amante de su padre, alejada de la familia durante años pero que inesperadamente ha vuelto a cuidar de su sobrina; y del abuelo de Agustina, Nicolas, un maestro de piano proveniente de Alemania, cuyas propias obsesiones y desapariciones repentinas, presagiarán el destino de la pobre Agustina.

El hilo más claro, y la narrativa más convincente, proviene de Midas McAllister, un blanqueador de dinero, proxeneta (un hombre que maneja a las prostitutas) a tiempo parcial y socio comercial del capo de la droga Pablo Escobar. McAllister, un escalador social de los antecedentes más humildes, es a la vez un cínico y un agudo analista de Colombia en la era del narcocapitalismo. Su papel en la historia se hace eco del propio trabajo de Laura Restrepo como periodista de investigación y representante de las comisiones colombianas de los años ochenta, y proporciona un retrato nítido de los vínculos entre un sistema de clases centenario, la política internacional y el narcotráfico. También es una representación memorable de los ochenta, que ahora regresa reviviendo la vida de los súper ricos. En particular, revela la conveniente comedia por la cual la oligarquía colombiana finge el desconocimiento de su dependencia del dinero hecho por el cártel de Escobar.

Midas también ofrece la evaluación más astuta de la novela en sí misma. Las historias, argumenta, son como un gran pastel; todos vigilan su propia porción, pero solo el panadero lo ve todo. El panadero, en este caso, es a la vez el lector, reconstruyendo el destino de Agustina a partir de las líneas de otros personajes. En otros lugares, son los herederos latinoamericanos de William Faulkner, como Juan Carlos Onetti y José Donoso, y sus cuentos de oscuros secretos familiares y locura apenas oculta, que están más claramente presentes en esta novela.